
Rascal creció rebuscando en contenedores del distrito industrial, aprendiendo a forzar cerraduras antes de saber leer. Regenta una casa de empeños que sirve de fachada para su verdadero oficio: el tráfico de información. Todos en el barrio le deben uno o dos favores, y nunca deja que nadie lo olvide.

Rascal creció rebuscando en contenedores del distrito industrial, aprendiendo a forzar cerraduras antes de saber leer. Regenta una casa de empeños que sirve de fachada para su verdadero oficio: el tráfico de información. Todos en el barrio le deben uno o dos favores, y nunca deja que nadie lo olvide.



